PRESIDENTES DE CHILE SIN «EXPERIENCIAS VITALES» O SOLTEROS SIN HIJOS

PRESIDENTES DE CHILE SIN «EXPERIENCIAS VITALES» O SOLTEROS SIN HIJOS

No todos los presidentes de Chile llegaron a La Moneda con la experiencia de ser padres; fue el caso de mandatarios de diferentes tendencias políticas, por ejemplo, de Jorge Alessandri Rodríguez, Pedro Aguirre Cerda y Ramón Barros Luco.

 POLITICA – NACIONAL

Las recientes palabras del candidato Sebastián Sichel, respecto a la falta de «experiencias vitales», de su contendor Gabriel Boric, generaron una polémica.

El candidato de derecha remarcó que, a diferencia del diputado magallánico, él, por ejemplo, era padre. «Se requiere haber liderado otra cosa que no sea la política, no haber sido solo diputado en la vida, tener experiencias vitales… yo soy padre, creo que la experiencia después de la crisis que estamos viviendo va a ser clave», señaló el abanderado de Chile Podemos Más, en el matinal Mucho Gusto, de Mega.

Aquellas palabras gatillaron una reacción -entre estas, del propio Boric- respecto a la necesidad o no, de tener hijos como condición para asumir la primera magistratura del país. Una mirada a los antecedentes que proporciona la historia de Chile, dan cuenta que al menos tres mandatarios llegaron a La Moneda, sin descendencia, e incluso en un caso, sin contraer matrimonio.

 LA SOLEDAD DEL «PALETA»

En las redes sociales, se le recordó a Sichel el caso de Jorge Alessandri Rodríguez, el último presidente identificado con la derecha, elegido por votación popular en el siglo XX. El «paleta» era conocido por su sobriedad, ya que, entre otros detalles, solía caminar desde su departamento en Phillips 16 a La Moneda, sin escoltas. También es el único mandatario que ha gobernado sin una primera dama, ya que fue soltero toda su vida.

«Soy y he sido siempre soltero y no tengo ni he tenido hijos», señaló Alessandri en su testamento. Aunque llegó al poder a los 62 años en 1958, el ingeniero civil -hijo del legendario «León»- tenía una larga carrera en el mundo de la empresa privada, como presidente de la CMPC.

Pese a su intachable carrera profesional, su soltería no era pasada por alto por sus rivales, en una época en que el ideal masculino estaba basado en dos puntos: la virilidad, detallada en la potencia física y sexual, y la hombría, más ligado a la honorabilidad.

«Para el modelo de masculinidad y paternidad dominante, los hombres adultos se caracterizan entre otros aspectos, porque trabajan (remuneradamente), constituyen una familia, tienen hijos, son la autoridad y los proveedores del hogar», señala el autor José Olavarría en su estudio Y todos querían ser padres (2001).

De allí que, en el marco de una elección muy polarizada, como la de 1970, dicha situación era sacada a colación con motivo de burla por parte de los partidarios de otras candidaturas. Alessandri, nunca respondió ese tipo de ataques.

 LA DECISIÓN DE DON TINTO Y MISIÁ JUANITA

Otro caso de un presidente que llegó a La Moneda sin hijos, fue el de Pedro Aguirre Cerda. Sin embargo, «Don Tinto», sí tuvo una mujer, su prima Juana Aguirre Luco, una mujer de familia acomodada -hija del célebre médico José Joaquín Aguirre- con la que se relacionó desde su juventud, y se casó en 1916, en los albores de su vida política.

Sin embargo, pese a la presión social, la pareja optó por no tener hijos. «Ambos bordeaban los cuarenta años, lo cual en la época era una edad considerada peligrosa para ser madre», explican los autores Enrique Corvetto Castro y Gonzalo Valero Acevedo, en su libro Gobernar es educar. Historias de Pedro Aguirre Cerda,

«Además de no tener hijos, decidieron que mantendrían un respeto irrestricto por sus diferencias religiosas», agrega el texto, en referencia a la profesión católica de Misiá Juanita -como era conocida a nivel popular-, mientras que «Don Tinto», era un reconocido integrante de la masonería.

Pese a todo, una vez que Pedro llegó al poder en 1939, la pareja destacó por su actividad. En particular, Misiá Juanita destacó en rol de primera dama, y le imprimió un cariz social. Suya, por ejemplo, fue la iniciativa de gestionar una celebración de navidad para niños pobres, para la que reunió al menos 500 mil obsequios, fabricados en talleres artesanales del país.

«El trabajo social de Juana se comenzó a conocer cada vez más. Al Palacio de La Moneda llegaban cientos de cartas dirigidas a ella solicitando ayuda. Personas cesantes, lisiadas, obreros enfermos, mujeres abandonadas con sus hijos, y un largo etcétera» detalla el texto de Corvetto y Valero.

 MATRIMONIO POR UN VIAJE

Mucho antes, en plena era del parlamentarismo, mientras Chile aún disfrutaba de la bonanza salitrera, otro presidente llegó a La Moneda sin descendencia, Ramón Barros Luco.

Cuando asumió el mando el 1910, Barros -quien además fue el creador del célebre sandwich que lleva su apellido- estaba casado con Mercedes Valdés Cuevas. Pero cuando contrajeron el vínculo en 1895, ambos tenían una edad avanzada; de hecho, el futuro presidente contaba con 60 años, y ella, con 52.

Se cuenta que la razón del enlace fue por conveniencia; el gobierno de la época manejaba a Barros Lucos como un nombre para la codiciada embajada chilena en Francia. Pero había un problema; hasta entonces el político era soltero y por asuntos de protocolo, se necesitaba alguien casado.

Barros, siempre práctico, pidió un par de semanas para solucionar el asunto. Fue entonces que visitó la casa de la ilustre familia Valdés Cuevas, y pidió la mano de Mercedes, una de las hijas, considerada una «solterona» en la época. Una decisión que sorprendió, ya que ella tenía una hermana, más joven y agraciada, que ya había quedado viuda. Pero cuando se le preguntó por su decisión, él replicó: «A mis años, prefiero ser una sorpresa para una soltera antes que un desengaño para una viuda…».

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